Café latte en mano, pantalla del móvil iluminando mi cara en un Starbucks del centro. Ahí estaba yo, releyendo un mensaje de Sugar Daddy Planet USA que acababa de cambiar mis planes del fin de semana. No te voy a mentir: el sugar dating nunca estuvo en mi radar hasta que una mala racha económica coincidió con mi quinto año intentando encontrar algo real en Tinder. Lo que empezó como curiosidad terminó convirtiéndose en una experiencia que me enseñó más sobre límites, negociación y autoconocimiento que cualquier terapia.

Llevo años navegando el mundo del dating online. He probado desde Bumble para encuentros casuales hasta nichos como Feeld para explorar dinámicas menos convencionales. Pero el sugar dating… ese es un universo aparte. Y créeme, tiene mucho más que ver con comunicación explícita, gestión de expectativas y autoestima que con la fantasía de Pretty Woman que te vende Hollywood.
Te voy a contar historias reales —mías y de personas cercanas— porque si estás considerando entrar en este mundo, mereces saber lo que realmente pasa detrás de los perfiles verificados y las promesas de viajes en primera clase.
¿Qué es realmente el sugar dating? (más allá del cliché)
Vamos a aclarar esto desde el principio. El sugar dating es una relación consensuada donde una persona (sugar daddy/mommy) ofrece apoyo financiero, mentoría o experiencias a cambio de compañía, tiempo y, dependiendo del acuerdo, intimidad. No es prostitución, aunque los prejuicios lo confundan constantemente. Es una negociación transparente entre adultos que saben lo que quieren.
La verdad es que plataformas como Sugar Daddy Planet han democratizado este tipo de relaciones. Ya no es algo reservado para círculos exclusivos de Nueva York o Miami. Desde México hasta España, miles de personas están explorando estas dinámicas, cada una con sus propias reglas.
Una amiga mía, 26 años, diseñadora freelance, empezó en The Inner Circle buscando algo serio. Después de meses de conversaciones que no llegaban a ningún lado, probó Sugar Daddy Planet USA casi por despecho. Su primera conexión fue con un empresario de 48 años. «No buscaba un novio tradicional», me confesó. «Buscaba alguien que valorara mi tiempo de verdad, que no me hiciera perder tardes enteras en el fantasma del ‘a ver cuándo quedamos'». Seis meses después, él le había ayudado a costear un curso de especialización mientras compartían cenas, viajes y conversaciones profundas sobre arquitectura y negocios.

Y sabes qué? No todo es glamour ni lujos. También he visto el lado oscuro: tipos en Secret Benefits que prometen la luna y ofrecen migajas. Por eso, aprendí rápido a verificar todo. Búsqueda inversa de imágenes para detectar catfishing, videollamada antes de cualquier encuentro presencial, y nunca —jamás— compartir información financiera sensible en las primeras etapas.
Aun así, el sugar dating puede ser increíblemente empoderador cuando se maneja con inteligencia emocional y límites claros. La clave está en entender que no es una relación convencional, y eso significa que las reglas las escribes tú.
Mi primera experiencia: de los nervios iniciales al viaje a Cancún
Te confieso algo: mi primera inmersión real en el sugar dating fue en 2018, después de quemarme completamente con Tinder y sus infinitos swipes que no llevaban a nada sustancial. Estaba agotada del dating burnout, de conversaciones que morían tras tres mensajes, de tipos que desaparecían después de acordar una cita.
Me registré en Sugar Daddy Planet con más curiosidad que expectativas. Armé un perfil con fotos naturales —nada de filtros exagerados ni poses ultra producidas— porque intuía que la autenticidad iba a ser mi mejor carta de presentación. En la bio fui directa: buscaba conexión intelectual, experiencias interesantes y, sí, apoyo financiero para un proyecto personal que tenía en mente.
Al poco tiempo, match con un empresario de unos 50 años. Su perfil era sobrio: fotos en eventos corporativos, una en un viñedo, otra leyendo en una terraza. Nada ostentoso. Su opener fue simple pero efectivo: comentó sobre un libro que mencioné en mi bio. Eso me enganchó. La personalización siempre gana frente a los «hola, qué tal» genéricos.
Las conversaciones fluyeron durante dos semanas antes de la primera cita. Hablamos de arte, de viajes, de nuestras frustraciones profesionales. Lo que nadie te cuenta es esa ansiedad previa al primer encuentro. ¿Será quien dice ser? ¿Habrá química en persona? ¿Me sentiré incómoda?
Tomé todas las precauciones: compartí mi ubicación en tiempo real con una amiga, quedamos en un restaurante céntrico y concurrido, y mantuve mi copa de vino siempre a la vista (básico, pero esencial). La cita fue… sorprendentemente normal. Conversación fluida, risas genuinas, cero presión. Al final, me propuso un viaje a la playa el siguiente mes. Acepté, pero antes establecimos reglas claras: habitaciones separadas a menos que yo decidiera lo contrario, itinerario flexible, y un acuerdo económico específico por mi tiempo.
Cancún fue revelador. No solo por los lujos —el hotel frente al mar, las cenas con vista al Caribe— sino por las conversaciones honestas sobre ambiciones, miedos y expectativas. Me di cuenta de que estaba disfrutando genuinamente de su compañía. Pero también entendí algo crucial: yo buscaba conexión emocional profunda, no solo un arreglo transaccional. Y él, aunque encantador, no podía ofrecerme eso en el formato que yo necesitaba.
Al volver, el «arreglo» se diluyó naturalmente. Sin drama, sin resentimientos. Fue una experiencia que me enseñó más sobre mis propios límites emocionales y necesidades relacionales que meses de terapia. Como aprenderás en gestionar el rechazo en dating, a veces cerrar una puerta es lo más sano que puedes hacer.
Cuando las cosas no salen como esperas: red flags y decepciones
Sinceramente, no todas mis incursiones fueron tan equilibradas. En otra ocasión, con un match en Ashley Madison, las cosas se pusieron turbias rápidamente. El tipo era casado —algo que no me molestaba en principio, cada quien con sus acuerdos— pero empezó con love bombing desde el primer día: regalos caros sin habermos visto, mensajes cada dos horas, promesas grandilocuentes sobre lo «especial» que era nuestra conexión.
Red flag gigante. El love bombing es una técnica de manipulación emocional que usan personas con rasgos narcisistas para crear dependencia rápida. Lo corté antes de que escalara, bloqueé su número y reporté su perfil. Esa experiencia me reforzó algo fundamental: la vulnerabilidad es poderosa, pero no a costa de tu seguridad emocional.
Luego está la historia de una lectora que me escribió hace meses. Empezó en Secret Benefits con un sugar daddy que le pagaba la universidad. Todo pintaba bien: cenas elegantes, ayuda con gastos académicos, incluso le presentó contactos profesionales valiosos. Pero a los seis meses llegó el slow fade: mensajes espaciados, excusas vagas, hasta que prácticamente desapareció.
Ella se sintió usada y descartable. Le aconsejé lo que hago siempre: definir expectativas y plazos desde el principio. ¿Este arreglo tiene fecha de caducidad? ¿Qué pasa si uno de los dos quiere terminarlo? ¿Cómo gestionamos la exclusividad o su ausencia? Esas conversaciones incómodas al inicio te ahorran un mundo de dolor después.
Sinceramente, estas decepciones te enseñan resiliencia y te obligan a afinar tu detector de bullshit. He pasado por mi propia versión: un match en Sugar Daddy Planet que parecía perfecto en chat —gracioso, culto, generoso— pero en persona había cero spark. La química no se negocia ni se fabrica. Esa noche volví a casa cuestionando si estaba siendo demasiado exigente, si mis estándares eran irreales.
Tardé un tiempo en darme cuenta de que preferir estar sola a conformarme con menos de lo que merezco no es ser exigente, es tener criterio. Esa claridad me ayudó a mejorar radicalmente mi perfil, enfocándome en prompts auténticos en lugar de frases hechas que podrían estar en cualquier bio de cualquier app.
Las lecciones más valiosas que aprendí (y que nadie te cuenta)
Después de años, decenas de conversaciones y más de una docena de encuentros reales, estas son las lecciones que me llevo del sugar dating:
La negociación inicial lo define todo
El momento más importante no es la primera cita, es la conversación donde estableces expectativas. ¿Cuánto tiempo vas a dedicarle? ¿Qué tipo de apoyo esperas? ¿Hay exclusividad o no? Estas charlas incómodas al principio te ahorran malentendidos devastadores después. Yo aprendí a tener esta conversación por chat antes del primer encuentro, cuando ambos estamos tranquilos y podemos pensar con claridad. No es romántico, pero es efectivo.
Tu seguridad no se negocia nunca
Búsqueda inversa de imágenes, primera cita siempre en lugar público, ubicación compartida con alguien de confianza, videollamada previa obligatoria. Estas medidas no son paranoia, son protocolos básicos de seguridad. He conocido casos de romance scams que empezaron en Sugar Daddy Planet USA y terminaron con miles de dólares perdidos. Si algo te genera dudas, confía en tu instinto. Según el FBI, las estafas románticas causan pérdidas millonarias cada año.
Cuida tu salud emocional activamente
El sugar dating puede activar inseguridades profundas: ¿me quiere por quién soy o por lo que ofrezco? ¿Soy suficiente sin el componente transaccional? Si tienes un attachment style ansioso, como descubrí que tengo yo, establece límites claros para proteger tu estabilidad emocional. Tómate pausas cuando sientas dating burnout. Habla con amigas. Y si es necesario, considera apoyo terapéutico para procesar las experiencias complejas que pueden surgir.
Estrategias prácticas para mejorar tu experiencia en sugar dating
Bueno, si después de todo esto sigues interesada en explorar el sugar dating, déjame compartirte estrategias concretas que funcionan:
Tu perfil es tu primera negociación. No uses fotos genéricas ni bios vagas. Sé específica sobre lo que buscas. En lugar de «busco alguien generoso», prueba algo como «busco mentoría profesional y apoyo para mis proyectos creativos, junto con conexión intelectual genuina». La especificidad atrae a personas que realmente encajan con lo que ofreces.
Fíjate en esto: los mejores openers en sugar dating son los que demuestran que leíste el perfil completo. Nada de «hola guapa» genéricos. Comenta sobre algo específico que mencionaron, muestra curiosidad genuina. La personalización multiplica tus probabilidades de respuesta.
Verifica antes de invertir tiempo. Pide videollamada antes del primer encuentro. Es raro que alguien legítimo se niegue. Si insiste en ir directamente a la cita presencial sin ninguna verificación previa, es señal de alerta. También puedes usar herramientas de búsqueda inversa para verificar que las fotos no estén robadas de internet.
Y sabes qué? No tengas miedo de hacer preguntas directas por chat: ¿qué buscas exactamente en este arreglo? ¿Cuál es tu disponibilidad real? ¿Has tenido experiencias previas con sugar dating? Las respuestas evasivas o demasiado vagas son otra red flag.
Establece tus límites desde el primer día. Qué estás dispuesta a ofrecer y qué no. Cuánto tiempo puedes dedicar. Qué tipo de apoyo necesitas. Y lo más importante: cuándo termina el arreglo. Tener una fecha de revisión (por ejemplo, cada tres meses evaluar si ambos quieren continuar) elimina la incertidumbre paralizante.
Lo cierto es que muchas personas fallan en sugar dating porque entran sin estrategia clara. Tratan de improvisar sobre la marcha, y terminan en situaciones que no querían o aceptando menos de lo que merecen.
Diferencias culturales y contextos que importan
Aquí está el truco: el sugar dating no es igual en todas partes. En Estados Unidos y Europa occidental, está más normalizado y hay mayor infraestructura de seguridad. En Latinoamérica, donde asesoro a lectores de México, Argentina y Colombia, hay más estigma social y menos recursos de verificación.
Una lectora de Ciudad de México me contó que empezó en Tinder con intenciones casuales, pero terminó estableciendo un arreglo sugar vía WhatsApp después de semanas de conversación. La discreción era vital para ella por su entorno familiar conservador. Terminó en una relación que le abrió puertas profesionales inesperadas, pero con el dilema constante de la doble vida.
En España, donde las apps de citas tienen tasas de uso altísimas, el sugar dating se mezcla más fácilmente con el dating convencional. Es menos tabú, lo que permite conversaciones más abiertas desde el principio. Pero eso también significa que hay más perfiles poco serios mezclados con los legítimos.
Lo que nadie te dice es que el contexto socioeconómico de tu ciudad importa enormemente. En ciudades grandes con alta desigualdad económica, el sugar dating puede tener dinámicas de poder más marcadas. En cambio, en ciudades universitarias, a veces funciona más como mentoría con beneficios adicionales.
Historias de otros: perspectivas diversas que amplían la imagen
Mira, mi experiencia es solo una pieza del rompecabezas. Déjame contarte sobre otros caminos que he visto:
El caso de mi amigo Daniel: gay, 28 años, usaba Grindr principalmente para encuentros casuales. Conectó con un hombre mayor que inicialmente solo buscaba compañía para eventos sociales. Con el tiempo, ese arreglo evolucionó hacia mentoría profesional en la industria tech. Hoy, tres años después, Daniel tiene un trabajo mejor y una red de contactos que jamás habría conseguido solo. Su «sugar daddy» se convirtió en su mejor amigo y mentor, sin componente sexual. Este matiz casi nunca se representa en los medios.
La experiencia de Sara: 35 años, divorciada, madre soltera. Entró al sugar dating con escepticismo después de que el dating en sus 30s resultara frustrante. Su primer arreglo le ayudó a costear la guardería de su hija durante un año crítico. «No fue el cuento de hadas que esperaba», me confesó, «pero me dio el respiro financiero para reorganizar mi vida sin el estrés constante de llegar a fin de mes». Para ella, fue una herramienta de supervivencia temporal, no un estilo de vida permanente.
La historia complicada de Laura: 24 años, estudiante de posgrado. Su arreglo con un empresario de 52 años parecía perfecto durante ocho meses: viajes, regalos, conversaciones estimulantes. Pero cuando ella empezó a salir casualmente con alguien de su edad, él se puso posesivo a pesar de que nunca habían acordado exclusividad. Terminó en un ghosting mutuo tóxico que la dejó cuestionando toda la experiencia. «Aprendí que la comunicación explícita no es suficiente si la otra persona no respeta los acuerdos», me dijo. Una lección dolorosa pero valiosa.
Estas historias ilustran algo crucial: no hay un solo tipo de experiencia en sugar dating. Puede ser empoderadora, transaccional, emocionalmente compleja, liberadora o agotadora. A veces, todo a la vez.
Los errores más comunes (y cómo evitarlos)
Después de años observando y viviendo esto, he identificado patrones de error recurrentes:
Error 1: No establecer límites claros desde el inicio. Piensas que puedes improvisar, pero la ambigüedad genera resentimiento. Dedica tiempo a la conversación incómoda al principio. Define todo: frecuencia de encuentros, tipo de apoyo, expectativas de exclusividad, protocolo de comunicación, y cómo terminar el arreglo si es necesario.
Error 2: Ignorar las red flags por desesperación financiera. Cuando necesitas el dinero urgentemente, es tentador ignorar señales de alarma. Pero acepta esto: ningún arreglo vale tu seguridad o bienestar emocional. Si algo se siente mal, probablemente lo esté. Como aprenderás en detectar perfiles falsos, confiar en tu instinto puede salvarte de situaciones peligrosas.
Error 3: No tener plan de salida. ¿Qué pasa cuando el arreglo termina? ¿Tienes una red de apoyo? ¿Un plan financiero alternativo? El sugar dating no debería ser tu única estrategia de supervivencia. Úsalo como complemento mientras construyes otras fuentes de ingresos o estabilidad.
Error 4: Confundir el arreglo con una relación romántica tradicional. Pueden desarrollarse sentimientos genuinos, pero el fundamento sigue siendo diferente. No esperes que evolucione naturalmente hacia algo convencional. Si quieres eso, comunícalo explícitamente y prepárate para que la respuesta sea no.
Error 5: No cuidar tu salud mental. El sugar dating puede activar inseguridades profundas sobre tu valor, tu atractivo, tu propósito. No ignores esas emociones. Procésalas con amigas de confianza o un terapeuta. La disociación emocional como mecanismo de supervivencia tiene consecuencias a largo plazo.
¿Vale la pena? Mi reflexión personal después de años
Entonces, después de todo esto, ¿vale la pena el sugar dating? Mi respuesta honesta: depende completamente de quién seas, qué busques y cómo lo manejes.
Para mí, fue una etapa valiosa de autodescubrimiento. Aprendí a negociar sin culpa, a establecer límites sin disculparme, a valorar mi tiempo de forma tangible. También descubrí aspectos de mi personalidad que no conocía: mi capacidad de disfrutar conexiones temporales sin necesidad de permanencia, mi habilidad para separar intimidad física de compromiso emocional.
Pero también tuve momentos de duda profunda. Noches donde me preguntaba si estaba traicionando algún ideal romántico, si estaba «vendiéndome», si merecía algo mejor. Esas dudas son válidas y merecen espacio.
Lo cierto es que el sugar dating me enseñó más sobre capitalismo, poder y relaciones que años de teoría académica. Me mostró cómo casi todas las relaciones tienen algún componente transaccional, aunque lo disfracemos de romanticismo. La diferencia es que en el sugar dating, esa transacción es explícita y negociada.
Dicho esto, no es para todo el mundo. Si tu autoestima ya es frágil, si tienes problemas sin resolver con el dinero o el poder, si tiendes a la dependencia emocional, el sugar dating puede amplificar esos problemas en lugar de resolverlos.
Cómo decidir si es para ti (checklist honesta)
Antes de dar el paso, hazte estas preguntas con brutal honestidad:
¿Puedo separar sexo/intimidad de amor romántico? No todo el mundo puede, y no hay nada malo en eso. Pero si necesitas conexión emocional profunda para disfrutar la intimidad, el sugar dating será frustrante.
¿Tengo una red de apoyo sólida? Amigas que sepan lo que haces y puedan apoyarte emocionalmente. No puedes hacer esto completamente aislada.
¿Estoy haciendo esto por elección o por desesperación? Si es por necesidad económica extrema, ten muchísimo cuidado. La vulnerabilidad te hace más propensa a aceptar situaciones inseguras.
¿Puedo manejar el juicio social si alguien se entera? Porque puede pasar. ¿Estás preparada emocionalmente para eso?
¿Tengo claros mis límites no negociables? Cosas que nunca harás sin importar cuánto dinero esté sobre la mesa. Si no los tienes claros, no empieces.
¿Entiendo los riesgos legales y de seguridad? Investiga las leyes en tu país. Conoce los protocolos de seguridad básicos. Esto no es opcional.
Si respondiste que sí a la mayoría, podrías estar en posición de explorar esto de forma consciente y segura. Si respondiste que no a varias, tal vez no sea el momento adecuado.
La clave está en enmarcar la conversación desde tus necesidades y objetivos personales, no solo desde lo monetario. Por ejemplo, en lugar de decir «necesito X cantidad al mes», puedes explicar: «Estoy trabajando en un proyecto que requiere X inversión mensual» o «Mi objetivo es reducir mi carga de trabajo para enfocarme en mi formación, lo que implica X apoyo mensual». Esto contextualiza el aspecto económico dentro de tus ambiciones reales. Además, ten esta conversación por chat antes del primer encuentro, cuando ambos están tranquilos y pueden pensar con claridad. La transparencia no resta romanticismo si ambos entienden la naturaleza del arreglo.
Primero, reconoce que es completamente normal. La intimidad regular y las experiencias compartidas pueden generar apego genuino. La pregunta crucial es: ¿esos sentimientos son correspondidos? Comunícalo honestamente, pero prepárate para cualquier respuesta. Muchos sugar daddies/mommies valoran el arreglo precisamente porque tiene límites emocionales claros. Si la persona no está interesada en evolucionar hacia algo más tradicional, tendrás que decidir si puedes continuar sin dañarte emocionalmente. En mi experiencia, quedarse en un arreglo esperando que cambie solo prolonga el dolor. A veces lo más sano es terminar y buscar lo que realmente necesitas en otro contexto.
Usa búsqueda inversa de imágenes con herramientas como Google Images o TinEye para verificar que las fotos no estén robadas de internet. Busca el perfil en LinkedIn o redes profesionales para confirmar su identidad laboral (con discreción). Insiste en videollamada antes del primer encuentro; cualquier persona legítima accederá sin problema. Observa la consistencia en su historia: detalles sobre su trabajo, ubicación y estilo de vida deberían mantenerse coherentes. Cuidado con quienes piden dinero antes de conocerte en persona o quienes usan lenguaje muy elaborado que parece copiado. Los scammers tienden a prometer demasiado muy rápido. Finalmente, confía en tu instinto: si algo se siente extraño, probablemente lo sea.
El sugar dating en sí no es ilegal en la mayoría de países, incluidos España, México y gran parte de Latinoamérica, siempre que sea entre adultos consensuados y no involucre intercambio directo de dinero por actos sexuales específicos (lo que podría considerarse prostitución en algunas jurisdicciones). La distinción legal radica en que el apoyo financiero es por tiempo y compañía, no exclusivamente por sexo. Dicho esto, investiga las leyes específicas de tu país. Nunca firmes contratos escritos que detallen intercambios sexuales por dinero, ya que podrían usarse en tu contra. Mantén discreción fiscal: si recibes cantidades significativas, consulta con un contador sobre declaración de ingresos. Y sobre todo, protege tu identidad: usa apodos, no compartas documentos oficiales hasta tener absoluta confianza, y nunca permitas que te graben o fotografíen en situaciones comprometedoras sin tu consentimiento explícito.
Reafirma tus límites con firmeza y sin disculpas. Puedes decir algo como: «Aprecio mucho nuestro arreglo, pero recuerda que acordamos X tipo de relación. No me siento cómoda cambiando eso en este momento». Si la persona respeta tus límites, el arreglo puede continuar. Si insiste, presiona o usa el apoyo económico como palanca de negociación («te pago tanto, deberías…»), esa es una red flag gigante y deberías considerar seriamente terminar el arreglo. Tu cuerpo y tus límites no son negociables, independientemente del componente financiero. Nadie tiene derecho a más de lo que acordaste dar. Si te sientes insegura para tener esta conversación en persona, hazlo por mensaje y luego corta contacto si es necesario.
Conclusión: tu camino es único
Mira, después de compartir todo esto, lo único que puedo decirte con absoluta certeza es que tu experiencia en sugar dating será única. No será exactamente como la mía, ni como la de mi amiga, ni como las historias que lees en foros.
Lo vivirás desde tu propia perspectiva, con tus propios límites, necesidades y circunstancias. Y eso está bien. No hay una forma «correcta» de hacer esto, solo formas más o menos conscientes, más o menos seguras.
Si decides explorar este mundo, hazlo con los ojos bien abiertos. Establece límites claros, prioriza tu seguridad, comunica sin miedo, y nunca —nunca— comprometas tu bienestar emocional por dinero. El sugar dating puede ser una herramienta poderosa de autodescubrimiento y empoderamiento, pero solo si lo manejas desde un lugar de fortaleza, no de desesperación.
Y si decides que no es para ti, también está perfectamente bien. Hay mil formas de navegar el mundo del dating moderno, y ninguna es superior a las demás. Lo importante es encontrar lo que funciona para ti, lo que te hace sentir auténtica y respetada.
Yo seguiré explorando, aprendiendo y, probablemente, cometiendo nuevos errores en el camino. Porque al final, eso es el dating: un proceso constante de prueba, error y crecimiento. Ya sea en Tinder, Sugar Daddy Planet , Bumble o cualquier otra plataforma que surja mañana.
Cuídate mucho. Y si decides dar el paso, hazlo inteligentemente.


